miércoles, 13 de junio de 2007

¿Cómo puedes saber que estás enamorado?


Un buen consejo de una

ACTRIZ DE CINE

¿Cómo puedes saber que estás enamorado?

Por Anne Elliott


Mamá, ¿cómo sabe uno cuando está enamorado?", preguntó la joven de 15 años mientras ayudaba a su madre a lavar y secar la loza.

"Bueno, cuando ocurra lo sabrás".

"Pero Mamá, ¿qué es lo que ocurre? ¿Y cómo ocurre?"

Necesidades que cambian

Comprendiendo que la pregunta era muy importante para la niña, su madre respondió:

"Hija, Dios hizo a cada uno de nosotros con el deseo de tener un compañero o compañera... alguien a quien amar, y que nos ame también; alguien con quien compartir nuestras esperanzas y alegrías, alguien con quien compartir nuestros sueños. Mientras somos niños, nuestros padres cumplen ese papel. Pero al dejar atrás la niñez, empezamos a necesitar algo más".

"Aprendemos por experiencia en el trabajo y la escuela que somos individuos capaces de actuar independientemente y que tenemos nuestra propia personalidad y nuestros valores. Nuestras emociones, que hasta ahora eran sencillas e infantiles, se hacen más sensibles e inestables. Esto es por causa de las hormonas que inundan nuestro sistema. ¿No has sentido a veces deseos de llorar sin saber por qué?"

"Sí, he notado que me descontrolo más fácilmente que antes, pero no sabía por qué", respondió la niña un tanto pensativa.

"La razón es esa. Te estás convirtiendo en mujer y no te has acostumbrado todavía a las nuevas hormonas que circulan por tu cuerpo. Te ponen nerviosa y excitable. Con el tiempo aprenderás a controlar esta nueva energía y podrás aprovecharla para alcanzar tus metas. Esta es parte de su función.

"Otro efecto de estas hormonas es hacernos notar que necesitamos un compañero. ¿Sabes, hija? Cada hombre y cada mujer es apenas la mitad de un todo. En algún lugar del mundo hay un joven para ser tu otra mitad... cuando llegue el momento".

¿Cómo lo sabré?

"Pero Mamá, ¿cómo podré encontrarlo? ¿Y cómo sabré que es él?"

"¿Por qué no pasamos a la sala?", respondió la madre, echándole el brazo cariñosamente por los hombros. "Tengo una historia muy interesante para ti".

Sentadas en el canapé, la madre comenzó:

"¿Sabes algo, hija? Yo también tuve estas mismas inquietudes cuando tenía tu edad.

"Había un muchacho de la escuela que trabajaba cerca de mi casa. Lo veía todos los días camino a mi casa. Se llamaba Raúl, ¡y era el muchacho más guapo que haya visto en mi vida! Cada vez que pasaba, me saludaba: "¡Hola!", y yo también lo saludaba con la mano.

"¡No te imaginas lo que esto me producía! ¡Me latía el corazón! Contaba los minutos para que terminara la escuela y poder regresar a mi casa para ver a Raúl en el camino. ¡Mi corazón se llenaba de alegría con sólo verlo! Sabía que eso era amor. ¿Qué otra cosa podía ser?

"En esos días leí una entrevista hecha a una bella actriz de cine quien hablaba de su matrimonio... por cierto, un matrimonio muy feliz".

Lo que contó la actriz

'Yo quería un matrimonio para toda la vida', le dijo la actriz al entrevistador. 'No quería sufrir el dolor y la humillación de un hogar deshecho por haber escogido un amor imaginario en vez del amor real y duradero. Sabía que es fácil imaginar que uno está enamorado cuando no lo está.

'El amor verdadero nunca es ciego. Ve al otro tal como es, con sus cualidades pero también con sus fallas. Sólo así podemos conocer la personalidad del otro y saber si nos conviene para toda la vida.

'De manera que hice una lista de cualidades del esposo ideal, y cuando conocía a un hombre que me interesaba, lo comparaba con mi lista. Por fin encontré a uno que reunía casi todas esas cualidades, me enamoré de él y hemos tenido un matrimonio maravilloso. Yo le aconsejaría a cada hombre y a cada mujer que haga una lista de las virtudes que más le importan y que al sentirse atraído por alguien saquen la lista para ver si la persona reúne esas virtudes'.

"Bueno, hija", prosiguió la madre, "no recuerdo todas las cosas que estaban en la lista de esa actriz, pero te voy a mostrar la lista mía". Levantándose, se dirigió a un escritorio en el rincón de la sala, abrió un cajón, sacó una hoja de papel doblada y se la entregó a su hija.

"Te la he guardado todos estos años", dijo.

Tomando la hoja, la niña leyó:

El hombre a quien yo ame será:

1. Fiel, pues si no lo fuera me partiría el corazón.

2. Veraz, porque el amor se basa en la confianza.

3. Responsable, porque tendrá que ver por nuestra familia.

4. Sincero, porque el engaño destruye la confianza.

5. Bien educado, para que fije normas para la familia y nos ayude a cumplirlas.

6. Moderado, porque jamás podría respetar a un borracho.

7. Un hombre con un objetivo en la vida; un hombre que va hacia algo... ¡y yo le ayudaré a llegar!

8. Un hombre con sentido del humor, para que la vida sea más agradable.

9. Uno que desee tener hijos, y yo querré dárselos.

10. Un hombre que sea paciente y bondadoso, por amor.

11. Un hombre que me quiera de verdad (¡tal vez esto sea lo más difícil de todo!).

"Cuando terminé la lista, ya no me preguntaba si lo de Raúl era amor. Es imposible amar alguien que escasamente conoces Sí, el corazón me seguía latiendo cada vez que él me saludaba, pero; yo sabía que sólo me atraía por ser guapo y amigable".

"Mamá, ni siquiera mencionas' el aspecto físico en tu lista. ¿Por qué?"

"Porque el amor es confianza. No amamos a una persona por su aspecto físico. La amamos por lo que es. Y cuando quieres a alguien, su aspecto físico también te gustará porque verás a la persona que hay adentro".

"¿Papá tenía todas las virtudes de tu lista?", preguntó la niña con cierta picardía.

"No", respondió la madre. "Tú sabes que su punto fuerte no es la paciencia, y tampoco diríamos que tiene un gran sentido del humor. Pero esas cualidades, para mí, eran menos importantes que las otras. Y él sí tenía las carac­terísticas maravillosas que me hicieron confiar plenamente en él y amarlo sin reservas. Así lo amé, y así lo sigo amando".

Cómo conocer el carácter

"¿Pero cómo puedes conocer el carácter de otra persona?", preguntó la niña desconcertada.

"Bueno, conocemos el carácter poco a poco, viendo a la persona en diversas situaciones. Cuando ves que la persona engaña deliberadamente a alguien, sabes que no es veraz, que no le importa la sinceridad y que tal vez sea egoísta y desconsiderada.

"Si descubres que a un amigo tuyo le gusta tomar cosas que no son suyas, sabes que no es persona honrada y que no merece confianza.

"Cuando alguien dice que hará algo y no lo cumple, sabes que no puedes contar con él. Además, puedes sospechar que se trata de alguien perezoso, dado a aplazar el cumplimiento de sus deberes.

"Todos estos indicios son importantísimos. Indican que la persona es inmadura y que no ha asumido la responsabilidad de comportarse como un adulto. Son señales de advertencia: Esa persona traerá problemas, y si eres prudente, te cuidarás de ella".

"Pero Mamá, todos nos equivocamos a veces".

"Sí, hija, todos nos equivocamos. Y si alguien comete un error, no hay que descartar a la persona por eso. Lo grave es cuando repite el error una y otra vez. Entonces se convierte en hábito, y nuestros hábitos son reflejo de nuestro carácter".

"¿No es posible cambiar los hábitos?"

"Sí, pero con un esfuerzo muy grande. Y la mayoría de las personas no están dispuestas a reconocer sus fallas... ni siquiera para sí mismas. Es un gran error pensar que cambiarás a alguien porque lo quieres, o que él cambiará por amor a ti.

"Ahora, mientras seas joven y no tengas ningún enredo emocional, aprovecha para hacer tu lista de cualidades que te parecen importantes. Luego trata de cumplir tú misma esos principios. Así, cuando encuentres a un hombre que admires, él también te admirará a ti".

El amor no es ciego

"No me imaginaba que el amor fuera tan complicado", dijo la joven pensativa. "Creí que era sólo un sentimiento maravilloso que te hacía desear la compañía de la otra persona en todo momento".

"Eso mismo creen la mayoría de las personas, y por eso son tan desdichadas. Toman sus decisiones basadas en ese sentimiento. Pero como dijo la actriz, el amor no es ciego. Hay que sentir con el corazón, pero también hay que pensar con la cabeza. ¡Y primero hay que pensar! Así lo hice yo, y he seguido tan enamorada como el primer día".

La niña abrazó a su madre con cariño:

"¿Me prestas tu lista para hacer la mía? Y tendré que ver si yo misma tengo esas cualidades", agregó con una sonrisa dudosa. "No sería justo exigirle a otra persona lo que yo misma no tengo.

"Gracias, Mamá. Esa actriz te dio un buen consejo... ¡y tú me lo diste a mí!"

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Puedo escribir los versos mas tristes esta noche.....

Quiero ser en tu vida (Paco Stanley)

Para ti Mamá

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