martes, 2 de septiembre de 2014

¿Cómo volar con la mente?

  • Visualiza las situaciones que te generan conflicto y búscales una solución. Si es necesario, disfrázate de una súper héroe y ríete de tus propias locuras… hasta que descubras que no es tan dramático ni peligroso como creías.
  • Analiza las ventajas y desventajas de seguir postergando las situaciones que día a día te ocasionan estrés. Enfréntalas en ese espacio certero y seguro que es tu mente.
  • Busca un destino real o ficticio al que puedas recurrir cuando te sientas mal. Regresa con una respiración profunda a ese sitio todas las veces que sean necesarias. Puede ser un país que no conozcas, el patio de tu casa de la infancia, un rincón armado por ti para meditar… lo que elijas estará bien.
  • Sueña y actúa en consecuencia, para que se haga realidad lo que tanto anhelas.
  • Desarrolla en ti tu espíritu incansable y guerrero.
  • Sonríe en lugar de esbozar palabras de las que luego te vas a arrepentir.
  • No tomes las cosas en forma personal y aprehensiva. Pregúntate siempre: ¿qué le pasará al otro para decir eso o comportarse así?
  • Toma la vida como un vaso con agua pura, como un paseo liviano y sanador.
  • Ama, porque es la mejor acción que puedes escoger.
  • Toma un cuaderno antes de irte a dormir y apunta lo mejor del día. Verás que siempre hay algo bueno, por más desapercibido que parezca.
  • Engrandece tu ser con buenos sentimientos.

La envidia

La envidia.

La envidia es un pesar del bien ajeno, y en ella se incluye la alegría que se produce por el mal que sufren los demás. El envidioso se entristece con el bien de otras personas y se goza en su mal, se aflige por el bien del que puedan disfrutar los otros como si éste fuese para él un mal, como si implicara una disminución de su bien. No es el camino más adecuado sentir pesar del bien ajeno, ni porque ese bien le falte a uno, ni porque se tema que de él se use en contra de uno mismo, ni porque se emplee de manera nada espiritual o haya sido obtenido por medio de crímenes e injusticias.

La envidia se distingue también de los celos, aunque no siempre andan separados. La envidia se refiere al bien ajeno, y los celos al propio. El celoso quiere poseer exclusivamente el objeto y el motivo de su dicha, y vive temiendo que le sea arrebatado. El envidioso no piensa en sí mismo, sino en los demás, y para él pocos goces hay mayores que la contemplación del mal ajeno.

El orgullo es el principal fundamento de este ego. Quien siente un exagerado amor propio no se satisface con la abundancia de bienes, por muchos que éstos sean, sino que aspira a no tener en ningún aspecto ni iguales ni superiores. Y aunque nada pierda con lo que otros ganen, le disgusta y le parece una humillación no poseer él sólo ese bien.

Como nadie está libre de los ataques del ego, nadie se puede creer seguro de los asaltos de la envidia. Las personas que se dicen religiosas, que sienten repulsa hacia los vicios, no suelen ser las menos atacadas por la envidia. Ésta sabe disfrazarse tan bien que muchos creen que es virtud, pues la confunden con un celo justo, y dan a entender que lo que les enoja no es la virtud de otra persona, sino el que no sea tan perfecta como se opina, que no es su talento lo que desagrada, sino los defectos de cualquier índole en los que parece haber incurrido, o bien, que no es su fortuna la que indigna, sino el que no haga de ella todo el buen uso que podría hacer. Cuando la envidia de alguien se desata contra una persona que posee buenas y malas cualidades, este ego procura convencer al envidioso de que no es el brillo de su virtud lo que la saca de quicio, sino el disgusto de ver la manera en que abusa de los dones que posee.

La envidia es muy contraria al desarrollo de la comunidad y, en sí misma, no tiene ningún sentido. En realidad todos somos miembros de un mismo cuerpo, y en ese cuerpo cada miembro participa íntimamente del bien y del mal que los otros miembros experimentan. Y esta es una razón obvia por la que no se debe envidiar a otras personas por hallarse situadas en otros niveles.

Es necesario violentar las leyes naturales para seguir al ego de la envidia. La naturaleza inclina a las personas a estimar más a quienes se encuentran más unidos por los vínculos de la sangre, o de la misma profesión, o del interés común, y es precisamente a estos a quienes el envidioso aborrece más. Las leyes que unen a las familias no representan nada para las personas que alimentan a este ego. El envidioso desconoce lo que es la gratitud, pues cree que se rebaja al recibir un favor. Su rabia se acrecienta cuando se encuentra con el desprendimiento y la generosidad, pues ve a un enemigo que aborrece, y no a un protector desinteresado, a quien le ayuda con bienes y virtud.

Este ego rencoroso seca en el corazón las fuentes de la benevolencia y del afecto, y priva al mismo envidioso de la felicidad y del consuelo que ofrece la vida espiritual. Al contrario, éste goza con la destrucción y la ruina, y si no se atreve o no puede causarla sólo con verla siente el placer más grande. Por eso se aísla y se rodea de una especie de muro que impide llegar hasta él el amor de las demás personas. De manera diferente, quien vive espiritualmente participa de la virtud de las demás personas, hace suyo el bien que realizan y cuanta más espiritualidad y virtud percibe alrededor suyo más rico se siente.

Alimentar el ego de la envidia es un error muy grave que, además, origina muchos otros errores que tienen funestas consecuencias. Cada vicio se opone a una virtud, pero de éste puede decirse que se opone a todas. El odio suele ser siempre su compañero. Del sufrir por el bien ajeno se pasa al deseo que tal bien no exista. Disgusta de ver la prosperidad de una persona, y luego hasta el verla disgusta. En algunos temperamentos este rencor no se sabe contener y estalla como un volcán, produciendo los mayores estragos. En muchas ocasiones, no retrocede ni ante la muerte del que se supone un rival peligroso.

El envidioso pasará con placer sobre los escombros de su ciudad o de su país, a cambio de ver abatido el objeto que le irrita y que alimenta a su cruel ego. Escribir la historia de las guerras civiles y de la discordias sociales que han ensangrentado la Tierra equivale a escribir la historia de la envidia. No por falta de voluntad, sino por falta de valor, muchos envidiosos no llegan a tan desmesurados excesos. Se alegrarán hasta lo sumo si ven a su competidor caído. Pero, por temor a las consecuencias que les pueden sobrevenir, no se deciden a empujarle para que caiga. Si le hieren es por la espalda y sobre seguro, no de frente y con riesgos.

Su principal arma es la lengua. La verdad no tiene ante sus ojos valor alguno, ni la espiritualidad le infunde el más mínimo respeto. En todas las acciones y las palabras de las personas que le son superiores en algún aspecto buscan un motivo de crítica y de censura. Suelen ser maestros en el arte de la murmuración, y lo ejercen confiando en ella el éxito de sus perversos deseos. Ocultan con esmero el fin que se proponen, y hacen ver que sólo al bien y al interés general se dirigen sus palabras. Para no alertar y poner en su contra el ánimo de quienes les escuchan, comenzarán alabando al que desean derribar con sus palabras. Expresarán, de muchas y variadas maneras, la peculiar forma de apreciarles y el dolor que les causa ver disminuidas con defectos las apreciadas cualidades que tiene esa persona tan digna de elogio. De entre todas las virtudes que le envidien habrá una en especial que más alimente al vicio, y con el propósito de negar ésta harán el sacrificio de reconocer las otras. Si oyen elogios que vayan dirigidos a la persona a la que envidian, se cuidan mucho de mostrar la más mínima señal de indignación, y hasta asentirán si no encuentran ningún medio para hacer daño. A pesar de ello, más tarde sembrarán las dudas, disminuirán el valor de su virtud y lanzarán insinuaciones maliciosas. A veces, con el silencio dirán más que con palabras y, en ocasiones, su gesto será más elocuente que un discurso de censura.

Pero, lo más sorprendente es que el envidioso no tiene ningún motivo para maltratar a las demás personas de manera tan cruel. No tenemos menos bienes porque los otros tengan más. Todos tenemos los bienes que nos merecemos, justo los que necesitamos para aprender en esta escuela de la Vida. Pero, aunque pareciese que a alguien no le pertenecen los bienes que posee, no por envidiarlos pasan a pertenecer a uno. Se envidia hasta el talento, la hermosura, la salud y otras cualidades que son incomunicables y que Dios concede según los decretos de su sabiduría eterna.

El envidioso no suele sacar nunca ningún beneficio de su injusto proceder. Al contrario, hace el mal por hacer el mal. Sin motivo alguno causa perjuicios y se ocupa en destruir y arruinar. Este es un vicio que el que lo tiene o no lo conoce o procura no fijarse en él. Se puede ver al vanidoso gloriarse de sus honores, al avariento de sus riquezas y al lujurioso del número de sus relaciones. Pero jamás se ha visto a ningún envidioso hacer alarde de su envidia. Y este es un aspecto más que debe tener en cuenta la persona que ve la necesidad de ser consciente y de obrar adecuadamente ante las dificultades que plantea el vicio más extendido en la humanidad.

Entre los muchos sufrimientos que asedian al envidioso se encuentra el esfuerzo constante que debe realizar para que no se descubra su propia envidia. Quiere perjudicar al que provoca su envidia y, a la vez, quiere que no se note el sentimiento que le empuja a ello. La rabia le impulsa a realizar el mal, pero el temor le contiene y le sujeta. Suele sucumbir al miedo, porque este vicio es propio de personas pusilánimes y apocadas. Por esto mismo se sirve del anonimato, de la denuncia cobarde, de las palabras con doble sentido, de las insinuaciones encubiertas, de los medios que no le comprometen pero con los que difícilmente logra sus propósitos y sólo consigue la propia amargura. Porque el envidioso vive en un tormento de desesperación y de rabia, en un fuego que abrasa sin consumirse y que más se enciende cuanta más felicidad ve en los otros. Dios suele castigar al envidioso sacando ileso de sus intrigas a sus víctimas y ascendiéndolas al lugar más destacado. Y es que no pueden las nubes ocultar por mucho tiempo el azul de cielo ni deja la luna de seguir su majestuoso camino a pesar de los aullidos de los lobos. Pero, quien es dominado por la envidia, tampoco puede satisfacerse cuando logra su objetivo. Si alguna vez el ser humano, dominado por la envidia, logra gozarse en la desgracia de alguien, la voz de su consciencia le recrimina entonces y arroja sobre su alegría la amargura del remordimiento.

No se contenta con ver caído a quien antes le hacía sombra, pues muchos son siempre los que se encuentra por encima de uno. No sólo le irritan los que van por delante, sino los que están en su nivel, porque no puede pasarles, y también los que deja detrás, porque teme que se le coloquen en la misma posición. Es un ser que sufre horriblemente y que acaba por no poder resistir el ver a su alrededor tantas personas que son felices o que le parecen que lo son. Rehuye el trato con las personas, y su resentimiento en la soledad se acrecienta. Al mismo tiempo los demás se apartan de su lado, pues se dan cuenta de su comportamiento e intentan evitar que les toque su turno.

No hay lugar en donde el envidioso se encuentre libre de su sufrimiento. En sociedad escucha palabras de alabanza que van dirigidas a tras personas y sufre, y en su soledad este recuerdo le acompaña y martiriza. Enterarse de ello es su tortura, y su ocupación consiste en espiar y conocer cuál es el halago y a quien se le dedica. Le duele ver la felicidad de los demás, pero no sabe apartar de ella sus ojos. Su ego le agranda las perfecciones que envidia y le presenta con gran exageración los honores que los demás reciben. Con la imaginación sobreexcitada tiene siempre fija en el pensamiento la superioridad ajena y ve desprecios, humillaciones y fracasos que, en realidad, no ha sufrido. Día a día crece su melancolía y su pesimismo, se vuelve más huraño y arisco y llega hasta sentir odio hacia la humanidad entera.

La convicción de la propia impotencia para realizar todo el mal que desea le trastorna y enajena. Como no puede arrojar fuera de sí el veneno que fabrica, él mismo se va matando sin saberlo. Llega, en efecto, a envenenar la fuente de la vida y a perder la salud. Aunque no en todos los envidiosos este vicio causa heridas tan profundas, siempre aparta del camino espiritual cuando no se trata como es debido. Ante su ataque, cuando intenta convencernos de que la honra que se tributa a alguien oscurece y rebaja en cierto modo la propia, se debe ser en un primer momento firme para rechazarlo, y después considerar que nadie es perfecto ni merece honor o gloria. Sólo a Dios se le debe el honor y la gloria. Por otro lado, en muchas ocasiones debe uno retirarse para que otro coja el relevo, de manera que la empresa en la que se está embarcado llegue a buen término.

Si nos diéramos cuenta de la manera en que damos a las cosas un valor que en realidad no tienen, seguramente el ego de la envidia no podría alimentarse. Damos en muchas ocasione un valor absoluto a cosas que, en verdad, no lo tienen. El ego de la envidia hace ver las ventajas de las riquezas y de la posición, pero oculta a los ojos el trabajo con el que se consiguen, el temor con el que se guardan y la facilidad con la que se pierden. Muestra el brillo de los honores y de los cargos, pero no las incomodidades y la responsabilidad de los cargos, los desvelos, las luchas y las fatigas que siempre les acompaña.

Cuando se conoce el verdadero estado de ánimo de muchas personas a quienes se les considera felices, más que envidia inspiran lástima. Y muchas veces se envidia a los mismos que envidian a uno. No es adecuado envidiar ni codiciar ningún bien, pues todos tenemos lo que nos merecemos, lo que necesitamos para progresar espiritualmente. De manera paradójica, el verdadero bien se multiplica cuando se divide y se distribuye adecuadamente, y su disfrute no es menor para cada uno cuando más sean los que lo gozan. Quien sucumbe al vicio de la envidia se encuentra muy lejos de ese estado de consciencia, amor y bienestar que disfrutan muchas de las persona que viven espiritualmente, y si le fuera posible ver esta felicidad su misma envidia le daría un disgusto enorme.

Con este vicio sólo se logra producirse uno mismo desgracias y, en muchas ocasiones, ensalzar a quien se envidia, pues se contribuye con la intención y la voluntad a darle importancia a los ojos de las gentes. No es el mejor camino disgustarse por que le pasen a uno por delante, ya sea por virtud o por conocimiento, y consigan sus propósitos. Tampoco es lo más apropiado envidiarlos ni sentir ira contra uno mismo porque no tiene esa capacidad. Debemos ver nuestra situación personal en la Vida, las características y capacidades personales, el sentido de la propia vida y ver, también, cómo actúa en ella el ego de la envidia. Tenemos que ser capaces de ver todo ello y reflexionar para ser conscientes y obrar adecuadamente. La virtud de las demás personas no debe ser la causa de que, por la envidia, perdamos la nuestra. Antes bien, debemos servirnos de la envidia y de todos los demás egos para vivir espiritualmente.

sábado, 16 de agosto de 2014

la distancia no impide seguir conectado con ese amig@ de la vida ... del alma


la distancia no impide seguir conectado con ese amig@ de la vida ... del alma ,  el cariño y el amor incondicional hace que la amistad sea verdadera y sólida ... viven en uno, en el alma, en el corazón, se siente que no ha pasado tiempos , que no hay geografía que separe ... ese amigo , amiga está allí , nos une un mail , un llamado de teléfono , tal vez no habrá cafés, ni largas horas de charlas, pero están, siempre están presentes en el momento indicado.

Son tan importante que uno ha decidido elegirlos como familia.

Bien es cierto que nos invade la nostalgia al recordar la infancia compartida,la adolescencia , el recorrido de la vida juntas.

"yo aquí y ellos lejos " igual es hermoso sabernos tan cerca " nos une ese cariño inmenso más inmenso que el océano.

Amistad!!


Ella da siempre la mano con el cuenta conmigo, estoy aquí, si necesitas, me llamas. Estoy feliz por ti, vibro por ti, si necesitas un hombro, tengo dos. Pienso en ti, me agrado de ti, te estoy oyendo, no te olvido, aunque no nos hablemos todos los días...

Amistad es ese amor misterioso y placentero del corazón dividido y unificado al mismo tiempo. 

¿Quién puede entender que el corazón pueda amar tanto y a tantos?

El corazón de un amigo es un mapamundi donde cada uno se encuentra en algún lugar, pero todos hacen parte del mismo globo. Diferentes, especiales e importantes, cada uno con su manera. Y son en las diferencias que nos completamos, en las desavenencias que aprendemos el perdón, la paciencia y la humildad.

Ser amigo es saber aceptar que los demás no sean iguales a nosotros, pero que sus valores pueden enriquecer aún más lo que tenemos y amarlos a pesar de las diferencias, como se ama una rosa con espinas, pero no menos bella.

Solo no es quien no tiene a nadie; solo es quien no tiene un amigo.

Poco importa saber en que parte del mundo se encuentran nuestros amigos si podemos sentir en el alma que, dentro de nosotros y dentro de ellos, hay un espacio reservado que nada más podrá llenar. Amistad, dulce amistad...

Si somos dos, unidos seremos un lazo fuerte. Si somos muchos, seremos una cadena que nada podrá vencer.

Como protejerte de personas negativas!!

Si no sabemos mantener a raya sus energías, las personas negativas pueden convertirse 

para nosotros en una piedra en el camino. Sus efectos pueden ser tan diversos como por ejemplo, dañar nuestro ánimo un día perfecto, impedir que salgamos adelante en nuestra vida laboral, lograr que permanezcamos solos cuando necesitamos encontrar el amor o hacernos dudar de alguna decisión importante en nuestra vida.

Por otro lado muchas veces sus efectos son inadvertidos, nuestra vida simplemente no va bien y no podemos darnos cuenta de su influencia a menos que seamos concientes de que nuestros cuerpos y nuestro espíritu son campos energéticos que se entrelazan unos con otros, no podemos existir aislados de nuestro entorno, todo nos afecta, para bien o para mal.

Mi recomendación directa es que no tengas en tu círculo cercano a personas negativas o envidiosas. No las necesitas y puedes vivir sin ellas, por completo. Sé que muchas veces no es posible cortar relaciones con esas personas, porque son familia, porque son compañeros de trabajo, porque estamos ligados a ellos de alguna manera y para estos casos específicos existe una manera de mantener a raya esas energías. Quise escribir este artículo porque es una de las preguntas más frecuentes que me hacen mis lectores.

Bien, lo primero entonces es entender cómo esas personas nos afectan. Recuerda que no somos sólo cuerpo, somos cuerpo con espíritu y espíritu con cuerpo. Nuestro yo no material no tiene límites, se expande por encima de nosotros, a nuestro alrededor y por todos nuestros costados rozándose y superponiéndose con la energía pura de otras personas, las más cercanas a tí serán aquellas que más te afecten ya que tu energía se mezcla con la de ellas, de la misma manera como esas personas se pueden beneficiar de tí si eres positivo o verse afectados si eres pesimista.

¿Alguna vez te ha pasado que tienes un amigo negativo que te busca, te llama y parece muy interesado en mantener tu amistad? Si eres alguien positivo es muy, pero muy probable que esto te haya pasado. Esta persona te busca porque tu energía le sirve y absorbe lo mejor de tí, si no eres consciente de esto, esa amistad te puede perjudicar mucho, te pueden comenzar a pasar cosas que no van bien en tu vida y tú serás ignorante del efecto que esa energía tiene sobre tu vida.

Por otro lado hay personas que simplemente no están interesadas en dejar a sus malas relaciones, es algo muy personal, está de más decir que es algo que no comparto en absoluto. Deberíamos mantener a nuestro al rededor sólo a personas que vibren en consonancia con nuestros deseos, con nuestros valores y con nuestras ambiciones, así que queda claro que estamos hablando de aquellos que no puedes evitar, no de los que no quieres evitar aun pudiéndolo hacer.

Ahora que conoces someramente la teoría y sabes por qué te afecta cada persona que es cercana a tí, es momento de usar tu poder. Esta es mi recomendación, se trata de un ejercicio práctico que puedes poner en práctica ya mismo:

Haz un compromiso contigo mismo, por escrito y en voz alta que diga que de ahora en adelante eres absoluta y completamente impermeable a las energías negativas de esa persona. No te voy a decir más, es algo personal que sabrás cómo hacerlo. Lo importante es que sepas:

1. Que esa persona tiene energías que no te favorecen.

2. Que tienes el poder para mantenerlas alejadas de tí

Como ves es sencillo, pero no por simple, poco efectivo. Ponlo en práctica.

¿ Amiga-enemiga?

Todas hemos tenido alguna “amistad” en la que confiábamos con los ojos cerrados y que al final nos terminó traicionando, pero ¿cómo evitar caer en las mentiras de este tipo de personas? Presta atención en las siguientes actitudes, si alguna de tus amigas las demuestra, es momento de que te alejes de ella, pues podrías estar con tu peor enemiga. No se interesa por ti. No hace falta decir que un amigo es incondicional, siempre estará contigo en las buenas y en las malas. Es obvio que a quienes nunca están en nuestros triunfos ni en nuestras penas no les importamos. Sí, triste, pero cierto. La amistad se demuestra con el interés por nuestro bienestar y como dice Cicerón: “sólo en el peligro se conoce el verdadero amigo”. Te tiene envidia. No hay más, la envidia es destructiva, así que ¿por qué seguir teniendo a alguien así cerca? ¡Abre los ojos! Jamás cambiará. Esta persona estará eternamente molesta con tus éxitos. Es algo que no comprende, ni lo hará. Para ella tú no te mereces nada. Muchas confundimos la envidia con la admiración, pero quienes te admiran saben valorarse y valorarnos. No guarda tus secretos. ¿Cada vez que le confiesas algo, ella va y lo grita a los cuatro vientos? Tememos decirte que tienes una muy mala compañía. Es claro que para que exista una amistad debe de haber confianza y lealtad. Recuerda que la fidelidad es dar cumplimiento a una promesa, y esta nace a partir del respeto por la confianza que una persona deposita en otra. Te critica a tus espaldas. Es cierto, no todas las decisiones que tomamos en la vida son las correctas, pero ¿por qué no decírtelo en la cara? Puede que sea por falta de valentía, pero también puede que sea por lastimarte… Un buen amigo es quien te critica de frente y te defiende a tus espaldas. Los que te quieren te darán críticas constructivas con el fin de mejorar y corregir tus errores. Te llama solamente cuando te necesita: Esta es una de las formas más comunes de saber si realmente es tu amiga o no pues demuestra que es egoísta y sólo ve por si misma. Una buena relación de amistad debe ser balanceada y, si siempre verás por ella más que por ti y no puedes esperar que haga lo mismo, será mejor que pongas un límite y te alejes. Todo es sobre ella: ¿Has notado que toda conversación es en torno a ella y lo que le pasa? Esta es otra de las características de las amigas que sólo se interesan en ellas mismas así que, o se empieza a preocupar por ti o buscas a alguien que lo haga. Te cansa: Si terminas cansada después de estar un rato con ella, es porque ella te bombardea con todos sus problemas y experiencias de vida. Es verdad que todas tenemos nuestros momentos de drama pero si esto ocurre más seguido de lo normal, te recomendamos busques unos momentos de paz sin ella. Se burla de ti: La vida es lo suficientemente dificil como para tolerar que te traten mal tus propios amigos. Si ella siempre te está criticando y convirtiéndote en el centro de atención para hacerte burla, lamentamos decirte que posiblemente seas víctima de 'bully' así que aléjate lo más pronto posible de ella. Chisme: Pregúntale a tus demás amigos si ella está diciendo cosas sobre ti, si lo hace es porque te tiene envidia y posiblemente quiera sabotearte. Esto es algo que puedes esperar de una mala amiga así que termina esa relación de inmediato.

sábado, 22 de febrero de 2014

Maltrato psicológico

¿Seré yo que me lo tomo muy a la tremenda? ¿Lo habré provocado yo? ¿Tal vez si hubiera contestado de otra forma…? Mejor no le digo que… no va a ser que… Estos diálogos son frecuentes en las personas maltratadas con relación a su agresor. Si debido al agotamiento emocional al que están sometidas las víctimas son capaces de justificar una agresión física, cuánto más no van a ser capaces de justificar una agresión no patente, aparentemente subjetiva como es el maltrato psicológico. Por ello, es importante informar a las personas acerca de qué tipo de comportamientos no deben estar nunca permitidos cuando se dan de forma repetida.
El maltrato psicológico se subdivide en las siguientes categorías en cuanto a sus manifestaciones:

Maltrato económico o financiero

El maltratador quiere controlar de forma absoluta los recursos económicos de la víctima. Para ello controla sus ingresos, no le permite trabajar, le solicita que justifique los gastos, le obliga a pedir préstamos, le permite un presupuesto de gasto límite, hace las compras para que la víctima no tenga dinero, le corta el teléfono, no le permite el acceso a las cuentas bancarias, le castiga/recompensa con el dinero, etcétera.

Maltrato estructural

El maltratador ejerce un poder sobre la víctima basándose en la desigualdad que, según él le hace superior. Para ello emplea frases para desvalorizarle y con imperativos (por ejemplo “esto es así porque quiero yo”), toma decisiones sin consultarle, le cuestiona las suyas, le recuerda sus fallos de forma persistente, no se compromete a hacer nada por ella, le obliga a asumir responsabilidades, le obliga a mantener relaciones sexuales y la castiga con la indiferencia o el enfado cuando se niega a mantenerlas.

Maltrato espiritual

Se refiere a la eliminación o ridiculización de las creencias o ideales de la víctima obligándole a aceptar las suyas propias. En este caso el maltratador no le deja elegir o minusvalora sus decisiones, constantemente le recuerda que sabe hacer las cosas mejor que ella, no le permite hacer actos acorde a sus creencias o los ridiculiza, habla mal de personas que comparten los ideales de ésta…

Maltrato social

Tiene lugar cuando se aísla a la víctima reduciendo sus relaciones sociales, controlándolas o ridiculizándola delante de éstas. Otras de las manifestaciones son escuchar sus conversaciones, leer sus mensajes de texto o correo electrónico, le restringe las relaciones con sus familiares y amigos, le acompaña de forma obligada siempre que queda con amigos, no le da oportunidades para conocer gente nueva, le ridiculiza cuando habla delante de otras personas, le saca defectos delante de sus amigos, etcétera.

Las consecuencias del maltrato psicológico pueden agruparse en las siguientes categorías:

Consecuencias psicológicas

La primera manifestación es la baja autoestima. Algunos estudios sostienen que las personas con baja autoestima tienen una mayor predisposición a sufrir este tipo de problemas cuando cruzan sus vidas con un maltratador, por lo que en algunos casos la baja autoestima puede ser un antecedente de los mismos. Además es frecuente la experimentación de sentimientos de culpa e indefensión acompañados por niveles elevados de estrés crónico y ansiedad, que en muchas ocasiones son causantes de las secuelas físicas. Por otro lado, el consumo de sustancias o incluso laadicción a las mismas (psicofármacos, alcohol, drogas, etcétera) como forma de huída de la realidad puede ser otra secuela psicológica de los malos tratos.

Consecuencias físicas

Aparecen una serie de trastornos asociados al estrés crónico que puede actuar como predisponente o mantenedor de los mismos. Entre ellos encontramos: alteraciones en el sueñohipertensión, alteraciones digestivas, dolores de cabeza, dolores musculares, etcétera.

Consecuencias sociales

El aislamiento es la principal repercusión del maltrato. La víctima se siente distinta al resto, cree que nadie la creería por lo que de forma progresiva se va distanciando de amigos, familiares… También puede verse afectado su rendimiento por lo que pueden aparecer repercusiones serias en su productividad laboral o académica.

Los Amigos verdaderos te apuñalan de frente

Un amigo no es quien nos conoce bien, sino quien nos aprecia a pesar de no saber lo que somos en realidad, es decir, quien aprecia lo que nuestra personalidad refleja en el exterior, sin importar lo que hagamos, digamos o pensemos en un momento dado.

 Un amigo es quien encuentra interesante tratar de conocernos aunque sepa que nunca va a llegar a hacerlo, quien se alegra de vernos felices y se entristece al vernos sufrir, aunque desconozca el origen profundo de tales sentimientos. Un amigo no nos conoce, se esfuerza por conocernos.

 La amistad es la más sólida y profunda versión de la empatía. Por eso niego categóricamente la afirmación de que los mejores amigos son los más antiguos. La amistad no se mide por el tiempo que dura, puesto que, si es auténtica, dura para siempre. La amistad sólo puede medirse por su autenticidad. Algunos lo llaman lealtad. 

"Un verdadero amigo es el que siempre va de frente, el que no engaña". Así de sencillo. 
Un verdadero amigo nos dirá las cosas de frente, sin anestesia, aveces tal vez nos dolerá al principio pero poco a poco nos daremos cuenta que es por nuestro bien, nuestro amigo no busca dañarnos solo que estés mejor,  lo que hace un amigo es ir de frente y plantearme el problema o situación en la que nos estamos metiendo para abrirme los ojos. 

A muchos ese choque sincero y frontal nos cae mal aunque terminamos dándole la razón con el tiempo, es muy pero muy dificil encontrar un verdadero amigo al que le puedas contar todo sobre ti y sabes que lo guardará junto a su corazón con llave, nos entenderá y sabra guardar silencio cuando sea el momento, es el que sin decirle nada y aveces a kilometros de distancia estará pendiente de tí, conocerá nuestras alegria y estará sin llamarlo en los momentos de angustia y aunque aveces el tiempo o la vida nos alejen seguirá orando x ti, si tienes un amigo asi valoralo, el verdadero amigo es un trebol de 4 hojas es muy dificil encontrarlo y te da mucha suerte!!!!!



jueves, 30 de enero de 2014

Reconocer una verdadera amistad!!

Los verdaderos amigos nos dan buenos consejos, nunca dejarían que nos pasara nada malo, cada vez que estamos en una situación difícil, en un mal momento ellos están ahí, apoyándonos y aconsejándonos oportunamente.

En la verdadera amistad no existe envidia, egoísmo o rencor, ya que los verdaderos amigos son incondicionales en todo momento y siempre nos desean lo mejor.

El tiempo es elemental en una amistad, y depende de el éxito de ella, un verdadero amigo siempre está disponible para ayudarte cuando más lo necesites y nunca le falta tiempo para escucharte.Si cuentas con él para salir y siempre hace planes contigo y responde tus llamados inmediatamente, entonces no estás solo.

-Un verdadero amigo nunca te critica por tu forma de ser, siempre te apoya y, para él la forma de vestirte y de actuar no le molesta, pero sobre todo te respeta y te hace los comentarios más certeros para que luzcas mejor, un amigo sabe diferenciar entre criticar y aconsejarte.

-La puntualidad es una de las virtudes que más posee un amigo, nunca llega tarde a las citas y siempre procura estar ahí contigo, pero toma en cuenta que si un amigo te promete salir contigo y no pudo presentarse, ten por seguro que te llamará porque tiene la debida confianza y jamás te mentiría, mucho menos te dejaría plantado.

- Jamás trates de iniciar una amistad con una persona que te miente y habla a tus espaldas, alguien así nunca llegará a ser una buen amigo.Los verdaderos amigos hablan con la verdad y nunca mienten, pero sólo lo puedes conseguir si tú también cumples con esto.

-La comunicación es fundamental para que tu amistad sea de lo mejor, a un amigo le platicas de todo y no sólo lo que te pasa diario si no también lo que piensas, tus metas, logros y sobre todo le muestras lo que dice tu corazón, recuerda que los verdaderos amigos siempre están ahí para escucharte.

-La amistad es algo reciproco y siempre damos esperando recibir algo a cambio, si tú eres de los que recibe lo más sincero por parte de tus amigo y sin sentirlo, entonces tienes a la verdadera amistad a un lado.-Un amigo te deja ser y jamás busca que imites a los demás, te aceptan como eres sin presionarte a que cambies de forma de pensar sólo para quedar bien ante los demás, te deja expresarte sin tomar el control de tu personalidad.

¿ Amiga-enemiga?



Todas hemos tenido alguna “amistad” en la que confiábamos con los ojos cerrados y que al final nos terminó traicionando, pero ¿cómo evitar caer en las mentiras de este tipo de personas? Presta atención en las siguientes actitudes, si alguna de tus amigas las demuestra, es momento de que te alejes de ella, pues podrías estar con tu peor enemiga.

No se interesa por ti. No hace falta decir que un amigo es incondicional, siempre estará contigo en las buenas y en las malas. Es obvio que a quienes nunca están en nuestros triunfos ni en nuestras penas no les importamos. Sí, triste, pero cierto. La amistad se demuestra con el interés por nuestro bienestar y como dice Cicerón: “sólo en el peligro se conoce el verdadero amigo”.

Te tiene envidia. No hay más, la envidia es destructiva, así que ¿por qué seguir teniendo a alguien así cerca? ¡Abre los ojos! Jamás cambiará. Esta persona estará eternamente molesta con tus éxitos. Es algo que no comprende, ni lo hará. Para ella tú no te mereces nada. Muchas confundimos la envidia con la admiración, pero quienes te admiran saben valorarse y valorarnos.

No guarda tus secretos. ¿Cada vez que le confiesas algo, ella va y lo grita a los cuatro vientos? Tememos decirte que tienes una muy mala compañía. Es claro que para que exista una amistad debe de haber confianza y lealtad. Recuerda que la fidelidad es dar cumplimiento a una promesa, y esta nace a partir del respeto por la confianza que una persona deposita en otra.

Te critica a tus espaldas. Es cierto, no todas las decisiones que tomamos en la vida son las correctas, pero ¿por qué no decírtelo en la cara? Puede que sea por falta de valentía, pero también puede que sea por lastimarte… Un buen amigo es quien te critica de frente y te defiende a tus espaldas. Los que te quieren te darán críticas constructivas con el fin de mejorar y corregir tus errores.

Te llama solamente cuando te necesita: Esta es una de las formas más comunes de saber si realmente es tu amiga o no pues demuestra que es egoísta y sólo ve por si misma. Una buena relación de amistad debe ser balanceada y, si siempre verás por ella más que por ti y no puedes esperar que haga lo mismo, será mejor que pongas un límite y te alejes.

Todo es sobre ella: ¿Has notado que toda conversación es en torno a ella y lo que le pasa? Esta es otra de las características de las amigas que sólo se interesan en ellas mismas así que, o se empieza a preocupar por ti o buscas a alguien que lo haga.

Te cansa: Si terminas cansada después de estar un rato con ella, es porque ella te bombardea con todos sus problemas y experiencias de vida. Es verdad que todas tenemos nuestros momentos de drama pero si esto ocurre más seguido de lo normal, te recomendamos busques unos momentos de paz sin ella.

Se burla de ti: La vida es lo suficientemente dificil como para tolerar que te traten mal tus propios amigos. Si ella siempre te está criticando y convirtiéndote en el centro de atención para hacerte burla, lamentamos decirte que posiblemente seas víctima de 'bully' así que aléjate lo más pronto posible de ella.

Chisme: Pregúntale a tus demás amigos si ella está diciendo cosas sobre ti, si lo hace es porque te tiene envidia y posiblemente quiera sabotearte. Esto es algo que puedes esperar de una mala amiga así que termina esa relación de inmediato.

Puedo escribir los versos mas tristes esta noche.....

Quiero ser en tu vida (Paco Stanley)

Para ti Mamá

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